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¿Conducta evolutiva o trastorno de conducta?¿Cuando debo preocuparme y pedir ayuda?

Es habitual que muchos padres se cuestionen si las rabietas, desafíos o los enfados de sus hijos son parte del desarrollo o si se trata de un problema. En esta entrada, podrás comprender qué es un trastorno de la conducta, los tipos que hay según el DSM-V y cómo poder diferenciarlo de conductas propias de la infancia o adolescencia.

¿Qué es un trastorno de la conducta?

    El trastorno de conducta se caracteriza por conductas persistentes y disruptivas que suelen desafiar las normas sociales o los derechos de otros. Los niños que presentan este trastorno a menudo muestran agresividad, desobediencia y una falta de empatía, lo que puede llevar a conflictos constantes en el ámbito familiar y escolar. Comprender estas conductas es crucial para poder actuar con eficacia y ofrecer la ayuda necesaria lo más temprano posible.

    El trastorno de conducta se clasifica como un patrón repetitivo y duradero de comportamiento en el que un niño o adolescente transgrede las expectativas sociales y normas. Esto incluye no solo la agresión física o verbal hacia otras personas, sino también la violación de reglas y la falta de respeto hacia la autoridad. Este trastorno no es un simple acto de mal comportamiento, sino un problema que puede tener un impacto significativo en su desarrollo emocional y social.

    A diferencia de una rabieta o enfado en un momento puntual o una temporada en la que el niño o adolescente se encuentre más desafiante, en este trastorno las conductas:

    • Aparecen en diferentes contextos (casa, colegio, con otros adultos)
    • Duran meses.
    • Crean un impacto muy significativo en el bienestar tanto del niño como de la familia.
    • Suponen un riesgo tanto para el menor como para otras personas.

    Además, con frecuencia van acompañados de problemas emocionales como la baja empatía, poca tolerancia a la frustración, impulsividad, irritabilidad o problemas para tener en cuenta las consecuencias de sus actos. Comprender esto es crucial para evitar etiquetas como “malo”, “conflictivo”, “agresivo”, que lo único que hacen es empeorar su autoestima y no ayudan.

    Tipos principales de trastornos de la conducta

    Trastorno negativista desafiante (TND):  

    Se caracteriza por un patrón de enfado, irritabilidad, discusiones y actitud desafiante o vengativa, que dura por lo menos seis meses y que no sólo se manifiesta con el entorno más cercano (padres y hermanos).

    Los síntomas del trastorno de oposición desafiante, por lo general, comienzan durante los años preescolares y, si no se interviene, puede evolucionar hacia problemas más graves en la adolescencia.

    A diferencia de la desobediencia habitual, en el TND:

    • Los niños se encuentran irritados de forma diaria o casi diaria.
    • Las discusiones son constantes.
    • El niño siente que “todo es injusto
    • El niño no acepta su culpa y suele echar la culpa en el resto.
    • Suele mostrarse resentido o vengativo.

    Es frecuente que el trastorno genere un ambiente familiar tenso, en el que los padres sientan que “todo son peleas” y que cualquier obligación o norma genera un conflicto.

    Estado de ánimo de enfado e irritable.

    • El niño pierde la paciencia fácilmente y con frecuencia.
    • Se enfada o siente resentimiento a la mínima.

    Suele ser muy sensible y se irrita fácilmente con los demás.

    • Comportamiento combativo y desafiante:
      • A menudo, discute con los adultos o con las personas con autoridad.
      • Suele desafiar a otros de forma activa o se niega a cumplir las peticiones o las reglas de los adultos.
      • A menudo, hace enfadar o molesta intencionalmente a los demás.
      • Con frecuencia, culpa a otras personas por sus errores o mala conducta.
    • Comportamiento hiriente y vengativo:
      • Cuando está alterado, dice cosas crueles e hirientes.
      • Intenta herir los sentimientos de los demás y busca venganza, lo que también se conoce como actitud vengativa.
      • Ha demostrado un comportamiento vengativo, como mínimo, dos veces en los últimos seis meses.

    Trastorno de la Conducta:

    Este trastorno es más grave ya que implica comportamientos que vulneran normas sociales importantes o derechos ajenos. Suele aparecer más tarde, en la preadolescencia o adolescencia, aunque, puede comenzar antes.

    Los siguientes síntomas son los más comunes del trastorno de la conducta. Sin embargo, cada niño puede experimentar los síntomas de manera diferente. Los principales grupos de comportamientos son los siguientes:

    • Conducta agresiva. Implica causar o amenazar daño físico a otros. Incluye:
      • Comportamiento intimidatorio
      • Acoso
      • Peleas físicas
      • Crueldad con personas o con animales.
      • Uso de armas
      • Forzar a alguien a actividad sexual o conductas sexuales inapropiadas.
    • Conducta destructiva. Incluye daños a la propiedad como:
      • Vandalismo
      • Destrucción intencional de objetos.
      • Incendio provocado
    • Falsedad o comportamiento deshonesto. Incluye:
      • Mentir de forma reiterada.
      • Robar
      • Hurto en tiendas
      • Conductas delictivas.
    • Violación de reglas sociales o normas propias de la edad.
      • Ausentismo escolar
      • Escaparse de casa
      • Burlas o desobediencia persistente.
      • Inicio muy temprano de conductas sexuales.

    Los niños u adolescentes con este trastorno pueden mostrar frialdad afectiva, nula empatía, no muestran culpa o despreocupación por lo académico.

    ¿Por qué aparece un trastorno de la conducta?

    Las condiciones que contribuyen al desarrollo del trastorno de la conducta se consideran que son multifactoriales, lo que significa que muchos factores contribuyen a la causa.

    1. Factores biológicos y neuropsicológicos.

    Las recientes investigaciones neuropsicológicas confirman que algunos niños y adolescentes con trastorno de la conducta tienen alteraciones en el lóbulo frontal, una zona del cerebro encargada de el control de impulsos, la planificación, capacidad de anticipar consecuencias y el aprendizaje tras cometer errores.

    Cuando estas áreas no funcionan correctamente, el niño puede tener mayor dificultar frenar sus comportamientos impulsivos, evitar riesgos o aprender de experiencias negativas.

    También cabe destacar que niños con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o trastornos de ansiedad, pueden estar en mayor riesgo.

    • Factores familiares y del entorno.

    El ambiente juega un papel fundamental. Los niños que crecen en hogares con normas inconsistentes, dinámicas familiares conflictivos, modelos de comportamiento agresivo o falta de supervisión tienen mayor riesgo de presentar conductas disruptivas.

    • Factores escolares y sociales.

    El rechazo por parte de los iguales, el buying, fracaso escolar o problemas de aprendizaje pueden aumentar la vulnerabilidad. La baja autoestima o la sensación de ser diferente y no encajar pueden favorecer que aparezcan conductas agresivas o desafiantes como protección o defensa.

    ¿Fase normal o motivo de preocupación?

    Muchos padres se preocupan porque sus hijos están constantemente protestando, discutiendo o con rabietas. Sin embargo, no todo desafío es un trastorno. Normalmente, la mayoría de las conductas entran dentro del desarrollo normal, sobre todo durante la infancia y adolescencia donde deben aprender a tolerar la frustración y aceptar límites, aunque esto, puede ser un proceso lento y complicado.

    A continuar vamos a diferenciar una conducta normal del desarrollo típico de una que indica un problema:

    Conducta evolutivaSeñal de problemas
    Ocurre en momentos concretos (cansancio, hambre, cambios de rutinas).Ocurre casi todos los días sin motivo claro.
    La intensidad disminuye cuando se calma o recibe apoyo.Dura mucho tiempo y cuesta que el niño se calme, aunque haya apoyo.
    No busca dañar, solo expresa frustración o necesidadAparecen conductas de daño: empujar, agredir, romper objetos, intimidar.
    Mejora cuando se aplican normas claras y rutinas estables.  Las normas no funcionan: se desafían de forma repetida e intensa.
    Se limita a uno o pocos contextos (normalmente casa).Aparece en varios entornos: casa, colegio, familia, actividades.
    El niño muestra arrepentimiento después del enfado.No muestra culpa, justifica su conducta o culpa siempre a otros.
    No afecta gravemente a la convivencia familiarGenera tensión constante en casa, discusiones diarias y desgaste familiar.
    Discute, pero mantiene vínculo emocional y responde al vínculo.Rompe el vínculo: hostilidad, venganza, desprecio o frialdad.
    Acepta las consecuencias después de protestar.Reacciona con ira intensa, agresividad o huida ante cualquier límite.

    Conclusión

    Comprender las diferencias entre una conducta evolutiva propia de la edad y un trastorno del comportamiento es crucial para poder acompañar a los niños y adolescentes durante su desarrollo. Las enfados, desafíos y rabietas son conductas naturales de crecer; sin embargo, cuando esto se vuelve persistente, intensas, peligrosas o afectan a varios contextos, es importante que se pida ayuda a profesionales para poder actuar pronto y mitigar la situación.

    La intervención temprana marca una gran diferencia. Con un buen apoyo profesional, trabajo conjunto en casa y una buena coordinación con los profesores, la mayoría de menores con este problema mejoran de manera significativa y lograr adquirir buenas habilidades para relacionarse, regularse y tomar mejores decisiones.