Dirección

C. Vitoria, 6, local C, 28941, Fuenlabrada

Horario:

13:00h – 21:00h (Lunes-Jueves) / 12:00h-19:00h (Viernes)

Número de teléfono:

641 17 78 72 – 679 06 84 23

Trastorno negativista desafiante

El Trastorno Negativista Desafiante será diagnosticado en un niño que presenta un comportamiento disruptivo para su edad y cultura, caracterizado por un patrón persistente de mal humor o irritabilidad, que discute o presenta comportamientos desafiantes y/o vengativos por lo menos durante los últimos 6 meses. Este trastorno no sólo afecta al niño, sino que es un problema de salud pública, que alcanza a la familia, a los maestros y a los iguales. Cuando no se atiende adecuadamente, el trastorno negativista desafiante puede evolucionar a un problema de conducta mayor como el trastorno disocial o a la generación de una personalidad antisocial.

Definición y criterios diagnósticos.

Según el DSM-5, el TND se define como un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante, que se presenta con al menos cuatro síntomas de entre los siguientes: estado de ánimo irritable, comportamiento argumentativo/desafiante, o actitud vengativa, presentes durante al menos seis meses y con al menos un entorno que no sea solamente el hogar.

DimensiónCriterios específicos.
    Estado de ánimo irritable/coléricoSe encoleriza o pierde la calma con facilidad.Está susceptible o se molesta con facilidad.Está enfadado y resentido.
    Comportamiento argumentativo/desafianteDiscute con figuras de autoridad.Desafía activamente o rehúsa cumplir normas.Molesta deliberadamente a los demás.Culpa a otros por sus errores.
  Actitud vengativaHa sido rencoroso o vengativo al menos dos veces en los últimos seis meses.

¿A quién afecta el TND y por qué aparece?

El Trastorno Negativista Desafiante es más común en niños que en niñas, con una prevalencia estimada del 3.3 %. El inicio del TND suele ocurrir antes de los 10 años, y los síntomas se estabilizan en la infancia media, entre los 5 y 10 años, disminuyendo gradualmente en la adolescencia. Es importante señalar que su diagnóstico puede verse influenciado por factores sociales, culturales y familiares, siendo más frecuente en contextos con múltiples factores de riesgo psicosocial.

En cuanto a su origen, se reconoce que el TND tiene una etiología multifactorial. Entre los factores implicados se encuentran antecedentes familiares de trastornos del estado de ánimo, trastornos de conducta o consumo de sustancias, así como la exposición a prácticas de crianza inadecuadas, negligencia o ambientes familiares caóticos. También pueden influir la dificultad en el temperamento del niño y la existencia de relaciones padres-hijos caracterizadas por interacciones coercitivas o de alta conflictividad.

¿Cómo se manifiesta el TND?

El Trastorno Negativista Desafiante se manifiesta por la aparición continuada de comportamientos desafiantes, negativistas, desobedientes o abiertamente hostiles, sobre todo hacia figuras de autoridad. Según el Manual IACAPAP (2017), estos síntomas se organizan en tres grandes dimensiones: estado de ánimo irritable, comportamiento argumentativo/desafiante y actitud vengativa.

Tal como se recoge en el mismo manual, “los síntomas deben estar presentes durante al menos seis meses y con una frecuencia superior a la observada habitualmente en individuos de edad y nivel de desarrollo comparables”. Además, se exige que estas conductas no se limiten al contexto familiar entre hermanos. Es decir, “deben presentarse en al menos un contexto interpersonal distinto al de los hermanos (por ejemplo, en la escuela, en el hogar o con otros adultos)”.

El diagnóstico también tiene en cuenta la extensión del problema, clasificando su intensidad como leve, moderada o grave, en función de los entornos en los que aparecen los síntomas:

Clasificación de la gravedad del TND

Nivel de gravedadDescripción
LeveLos síntomas se manifiestan únicamente en un solo entorno (por ejemplo, solo en casa, escuela o con iguales).
ModeradoAlgunos síntomas se presentan en al menos dos entornos.
GraveAlgunos síntomas se observan en tres o más entornos.

¿Cómo se diferencia el TND de otros trastornos?

Aunque el Trastorno Negativista Desafiante comparte algunos síntomas con otros trastornos del neurodesarrollo o de conducta, es importante distinguirlo correctamente. Las siguientes diferencias ayudan a delimitar el diagnóstico y evitar confusiones clínicas comunes:

CaracterísticaTNDTDAHTrastorno Disocial
Síntoma principalActitud desafiante, hostil, resentidaDéficit de atención, impulsividad, hiperactividadConductas agresivas, violación de normas
Relación con la autoridadDesobediencia deliberada, discusiones frecuentesDificultades para seguir instrucciones por distracción  Transgresión abierta y premeditada
Comportamientos antisociales  No presentesNo presentes  Presentes (robo, agresión, crueldad)
Emoción predominanteIrritabilidad, enfado, resentimientoNerviosismo, inquietudFrialdad emocional, falta de empatía
Contexto de apariciónHogar, escuela u otros entornos socialesPrincipalmente en entornos que exigen atenciónEn múltiples contextos con daño a terceros
Inicio habitualAntes de los 10 años  Antes de los 12 años  Infancia o adolescencia temprana
Evolución sin tratamientoRiesgo de empeorar o derivar en trastorno disocialDificultades académicas y sociales persistentesAlta probabilidad de problemas legales y sociales

¿Qué consecuencias puede tener el TND?

Cuando no se aborda a tiempo, el Trastorno Negativista Desafiante puede generar un impacto significativo en la vida del menor y su entorno. Según el Manual IACAPAP (2017), este trastorno se asocia con una elevada interferencia en el funcionamiento social, familiar y escolar. Los niños con TND suelen presentar dificultades persistentes en la convivencia con adultos y compañeros, lo que puede derivar en conflictos crónicos y aislamiento.

A nivel familiar, se observa una mayor probabilidad de relaciones padres-hijos caracterizadas por tensión, conductas coercitivas y frustración mutua. En muchos casos, el contexto se ve afectado por una escalada de discusiones, gritos o castigos poco eficaces, que refuerzan el círculo vicioso del comportamiento oposicionista.

Además, el manual advierte que, en ausencia de intervención, el TND puede evolucionar hacia trastornos de mayor gravedad. En concreto, indica que “es un importante factor de riesgo para el desarrollo posterior de trastorno disocial, trastornos por consumo de sustancias y, en algunos casos, trastornos de la personalidad”.

Este pronóstico no es inevitable, pero subraya la importancia de una detección precoz y un abordaje adecuado desde los primeros signos de alteración conductual.

¿Cómo se trata el Trastorno Negativista Desafiante?

El tratamiento del Trastorno Negativista Desafiante requiere una intervención amplia que tenga en cuenta no solo al niño o adolescente, sino también a su entorno familiar y educativo. No existe una solución única, pero sí hay enfoques que han demostrado ser eficaces cuando se aplican de forma sistemática y adaptada a cada caso.

El primer paso suele centrarse en el trabajo con la familia. Los programas de entrenamiento para padres permiten mejorar la convivencia mediante estrategias de disciplina positiva, establecimiento de límites claros y refuerzo del comportamiento adecuado. Estas herramientas no solo ayudan a reducir las conductas desafiantes, sino que también fortalecen el vínculo afectivo, disminuyen la tensión en casa y previenen la escalada del conflicto.

En paralelo, muchas intervenciones incluyen el trabajo individual con el menor. A través de la terapia cognitivo-conductual, se abordan aspectos como la regulación emocional, el control de la ira y las habilidades sociales, con el objetivo de ofrecerle recursos que sustituyan la oposición constante por formas más constructivas de relación.

El contexto escolar también debe formar parte del proceso. La coordinación entre profesionales, docentes y familia es esencial para asegurar que los mensajes sean coherentes, que haya apoyos adecuados en el aula y que se favorezca un entorno predecible que no estimule las reacciones negativas del alumno.

En casos más complejos, donde el TND se presenta junto con otros trastornos como TDAH, ansiedad o alteraciones del estado de ánimo, puede ser necesario considerar el apoyo farmacológico. Sin embargo, este recurso solo se utiliza cuando existe una indicación clínica clara y siempre como complemento a la intervención psicoeducativa y familiar.

La clave del tratamiento está en la constancia, la coordinación y la adaptación a cada situación particular. Cuanto antes se actúe, mayor será la probabilidad de mejorar el pronóstico.

Estrategias de intervención según el contexto

ÁmbitoObjetivos principalesEjemplos de intervención
  FamiliarMejorar la convivencia, establecer normas claras, reducir la hostilidad mutua  Entrenamiento parental, asesoramiento familiar
    Escolar  Promover la autorregulación, prevenir conflictos, mantener coherencia con la familia  Coordinación con tutores, ajustes en el aula
  Individual (niño)Desarrollar habilidades sociales, autocontrol, manejo de emocionesTerapia cognitivo-conductual, entrenamiento emocional
  Clínico-médicoAbordar comorbilidades que interfieren significativamente con el tratamiento  Uso de psicofármacos en casos bien justificados