Seguro que conoces esa sensación. Son las doce de la noche, estás en la cama y, de repente, una frase que alguien te dijo a mediodía empieza a resonar. O quizás es un error que cometiste hace tres años. O una preocupación sobre algo que ni siquiera ha pasado todavía. Intentas dormir, pero tu mente ha decidido poner en marcha la rueda, un círculo del que no es capaz de salir.
A esto, en psicología, lo llamamos rumiación. Y aunque el término suene un poco extraño (viene de la forma en que las vacas digieren el alimento, volviendo a masticar lo que ya tragaron), describe perfectamente lo que nos pasa: «masticamos» una y otra vez un pensamiento que ya no tiene nutrientes, que no nos da soluciones, pero que no podemos dejar de dar vueltas.
¿Qué significa realmente «entrar en bucle»?
Estar en un bucle mental no es «pensar mucho» sobre un problema para solucionarlo. Hay una diferencia vital:
Si el pensamiento productivo se mueve hacia adelante, es decir, buscas opciones, tomas una decisión y descansas. El pensamiento rumiante se mueve en círculos. Es un callejón sin salida donde solo revives el malestar, la culpa o el miedo.
Cuando entramos en bucle, nuestro cerebro activa un mecanismo de alerta. Cree que, si le damos una vuelta más a ese asunto, por fin encontraremos la pieza que falta para estar tranquilos. Pero esa pieza no existe, porque el bucle no busca soluciones, solo intenta gestionar una emoción (la ansiedad, la tristeza o la inseguridad) a través del intelecto. Y las emociones no se solucionan pensando; se solucionan sintiendo.
Los bucles son expertos en disfrazarse de «reflexión necesaria», pero en realidad son trampas. Aquí te dejo algunos ejemplos en los que todos nos hemos visto alguna vez:
«¿Por qué me habré despedido así? Seguro que han pensado que soy un borde. Tendría que haber dicho otra cosa. Ahora todos se habrán quedado con esa imagen de mí». «¿Y si sale mal la reunión? Si sale mal, me despedirán. Si me despiden, no podré pagar el alquiler. Si no pago el alquiler…». Es una cadena de catástrofes que aún no existen.
¿Por qué nos pasa esto?
Es importante que sepas que entrar en bucle no es un defecto de fábrica. Tu cerebro hace esto porque te quiere proteger. Está intentando «analizar el peligro» para que no vuelvas a sufrir. El problema es que el cerebro no distingue bien entre un león que te va a comer y un comentario desafortunado de tu jefe; para él, ambos son amenazas y activa el mismo estado de hipervigilancia.
Estar en bucle agota más que subir una montaña. Provoca nudos en el estómago, tensión en las cervicales y, sobre todo, una desconexión total con el presente. Mientras estás en el bucle, no estás viviendo tu vida; estás viviendo en tu cabeza. Y lo más importante, entrar en bucle no es culpa tuya.
Cómo empezar a romper el círculo
Desde Expresat siempre decimos que no se trata de «dejar de pensar» (eso es imposible, somos fábricas de ideas), sino de aprender a mirar los pensamientos sin subirnos a ellos.
En cuanto te descubras dando la cuarta vuelta a lo mismo, di en voz alta o para ti: «Hola, estoy entrando en un bucle». Etiquetarlo le quita poder y te sitúa como observador, no como víctima. El bucle ocurre de ojos para adentro. Para salir, necesitas estímulos de ojos para afuera. Toca algo frío, huele un café, camina sintiendo tus pies contra el suelo. Necesitas «aterrizar» en la realidad física.
Es importante, ponerle un horario a la rumiación. Y, aunque parece broma, de verdad que funciona. Dale permiso a tu mente para que se calme un rato. Y lo más importante, trátate como tratarías a un amigo que está asustado. No te enfades contigo mismo por estar en bucle. El «¡deja de pensar ya!» solo genera más estrés.
Si sientes que tus bucles mentales se han vuelto tan grandes que ya no te dejan disfrutar de tu día a día, recuerda que no tienes por qué salir de ahí a solas. A veces, la rueda está tan engrasada que necesitamos a alguien que nos ayude a meter un palo entre los radios para que se detenga. Si estás buscando psicólogos en Fuenlabrada, llámanos sin compromiso.
Os respondemos algunas dudas
¿Qué es exactamente entrar en bucle?
Es repetir el mismo pensamiento una y otra vez sin llegar a ninguna solución, lo que genera agotamiento y ansiedad.
¿Por qué mi mente hace esto?
No es un fallo, es tu cerebro intentando «protegerte» de un problema. Se queda bloqueado analizando el peligro para intentar controlarlo.
¿Cómo puedo parar un bucle en el momento?
Lo más rápido es volver al cuerpo: respira hondo, lávate la cara con agua fría o describe en voz alta tres objetos que veas a tu alrededor. Rompe el flujo mental con estímulos físicos.
¿Cuándo debería pedir ayuda profesional?
Si los pensamientos empiezan a interferir en tu funcionamiento diario, no te dejan dormir, afectan a tu trabajo o te impiden disfrutar de tu día a día, es el momento de hablar con un psicólogo.