Hay recuerdos que no se quedan en el pasado. Se instalan en el cuerpo. Seguro que conoces esa sensación: hablar mil veces de un problema, analizarlo, ir a terapia… y, sin embargo, el nudo en el estómago sigue ahí intacto al menor estímulo. Es como si el tiempo se hubiera congelado en ese instante. Cada vez que algo lo activa en tu día a día, vuelves a experimentar la misma angustia, el mismo nudo en el estómago o la misma respuesta de miedo que la primera vez.
Esto ocurre porque algunos sucesos se quedan atrapados en nuestro sistema nervioso sin procesar adecuadamente. Cuando la mente se desborda, no puede archivar la experiencia de forma saludable. Afortunadamente, la psicología cuenta con herramientas científicas diseñadas expresamente para desbloquear estos nudos emocionales. Una de las más eficaces y avaladas a nivel internacional es la terapia EMDR.
¿Qué es la terapia EMDR?
EMDR son las siglas en inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares). Aunque el término técnico pueda parecer complejo, la filosofía en la que se basa es muy humana y lógica: nuestro cerebro tiene una capacidad natural para sanar de las heridas emocionales, exactamente igual que tu cuerpo cicatriza un corte en la piel.
Sin embargo, cuando vivimos una experiencia muy impactante —un accidente, una pérdida repentina, una época de acoso laboral o dinámicas familiares muy disfuncionales durante la infancia—, el mecanismo de autocuración de la mente se colapsa. El hecho se almacena de forma fragmentada, manteniendo vivas las imágenes, los sonidos y las emociones negativas originales.
El objetivo del EMDR no es hacer que olvides lo que pasó, el pasado no se puede borrar. Lo que consigue es cambiar la forma en que ese recuerdo te afecta en el presente. Al terminar el proceso, recuerdas el hecho como parte de tu biografía, pero la carga dolorosa que te saboteaba desaparece.
El mecanismo detrás del proceso
Para conseguir que el cerebro reorganice esa información, en consulta trabajamos a través de la estimulación bilateral. Esto consiste en activar de forma alternativa los dos hemisferios cerebrales mientras la persona se enfoca de forma breve en el recuerdo doloroso.
Esta estimulación se puede realizar de tres formas distintas según las necesidades de cada paciente:
- Visual: Siguiendo con la mirada los dedos del terapeuta o una barra de luz que se mueve de izquierda a derecha.
- Táctil (tapping): Recibiendo pequeños golpecitos suaves y alternos en las palmas de las manos o en las rodillas.
- Auditiva: Escuchando tonos o sonidos alternos a través de unos auriculares.
¿Qué ocurre en el cerebro? Científicamente, se ha observado que este proceso replica lo que hace nuestra mente de forma espontánea durante la fase REM del sueño (cuando los ojos se mueven rápido y procesamos las vivencias del día). La estimulación rebaja la activación de la amígdala (la alarma del miedo del cerebro) y ayuda a que el hipocampo (nuestro archivador central) ordene la experiencia de manera coherente.
¿Para qué problemas psicológicos está indicado?
Aunque originalmente el EMDR se diseñó para tratar el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) en víctimas de incidentes graves, las investigaciones actuales demuestran su enorme utilidad en problemas mucho más comunes. No hace falta haber vivido una catástrofe para acumular heridas emocionales; las desvalorizaciones continuas o las faltas de apego en el día a día también dejan una huella profunda.
Hoy en día, aplicamos EMDR con excelentes resultados en:
- Trastornos de ansiedad y fobias: Miedos irracionales o ataques de pánico que tienen un origen inconsciente en experiencias previas.
- Duelos patológicos: Dificultad para asumir la pérdida de un ser querido cuando la muerte ocurrió de forma traumática.
- Problemas de autoestima e inseguridad: Creencias limitantes del estilo «no soy suficiente» o «todo es culpa mía» que se fraguaron en la etapa escolar o familiar.
- Rupturas de pareja: Situaciones de dependencia o relaciones conflictivas que cuesta superar y dejar atrás.
¿Cómo es una sesión real en consulta?
Una terapia con EMDR no pasa directamente a la acción el primer día. Lo primero es crear un espacio seguro donde te sientas en control. Si sientes que ha llegado el momento de procesar esos capítulos del pasado que aún duelen, no tienes que hacerlo a solas. En Expresat Psicología y Logopedia acompañamos a personas en este proceso. Si buscas un psicólogo en Fuenlabrada que trabaje desde la evidencia científica y el máximo respeto a tu ritmo, estaremos encantados de ofrecerte ese refugio seguro donde empezar a sanar.