El síndrome de burnout o síndrome del “trabajador quemado” es una respuesta a un estrés emocional crónico en el contexto laboral. El término “burnout” procede del inglés, y significa literalmente estar “quemado”, que muestra este desgaste tan elevado que experimentan estos profesionales. Se ha observado que el burnout suele producirse en profesiones con una alta interacción con el cliente, como los profesores o los profesionales sanitarios.
El estrés de por sí no es perjudicial: nos activa y nos permite hacer frente a situaciones que nos demandan cierto nivel de atención (desde hacer la compra, a mantener una conversación o estudiar para un examen). El problema surge si el estrés se mantiene en el tiempo de forma crónica, que es cuando empieza a afectar negativamente a la salud de la persona.

Señales del Burnout
El síndrome de burnout se manifiesta en tres dimensiones: cansancio emocional, despersonalización y falta de realización personal. Las personas afectadas son profesionales con un elevado agotamiento físico y emocional producido por la actividad laboral, es decir, que se encuentran exhaustos, con la sensación de no poder más, y de que no pueden hacer frente a las demandas del trabajo. Pueden aparecer manifestaciones físicas, como insomnio, dolor de cabeza, náuseas, agotamiento, dolor muscular, irritabilidad o fatiga. También, la persona puede mostrar desmotivación y falta de interés por las cosas, cambios en el apetito y tender a retraerse socialmente.
Además, aparece una sensación de baja realización personal en el trabajo: aparecen respuestas negativas hacia uno mismo y hacia su trabajo, sensación de no valer para el trabajo, de falta de competencia. También, aparece lo que denominan como despersonalización, en cuanto a sentir un distanciamiento de las personas usuarias del trabajo (en el caso de los profesores, los alumnos); el trabajador se distancia emocionalmente del trabajo, lo que está vinculado al agotamiento emocional como una forma de protegerse de la elevada exigencia que le supone el trabajo.
Fases dentro del Burnout
Algunos autores hablan de cuatro fases dentro del síndrome de burnout:
- Idealismo, entusiasmo: el profesional tiene un elevado compromiso con el trabajo y la creencia de que el puesto de trabajo satisfará todas las necesidades personales, con expectativas altas sobre lo que puede lograr.
- Estancamiento y fatiga: las expectativas personales no se cumplen y el trabajador no se siente valorado en su labor profesional; siente que sus esfuerzos no son recompensados.
- Frustración: sentimientos negativos hacia el trabajo, que pasa a ser visto como un obstáculo para el logro de la satisfacción y el estatus personal.
- Apatía: el profesional sufre agotamiento físico y emocional, y evita todo desafío o cambio, incluso trata de evitar a las personas que debe atender. Es un mecanismo de defensa cuando la frustración se cronifica.
El burnout puede surgir como respuesta a diferentes factores dentro del contexto laboral, como una carga excesiva de trabajo, falta de reconocimiento y escasa retroalimentación positiva, tener poco o nulo apoyo por parte de la empresa, elevados conflictos interpersonales con los compañeros de trabajo, o por considerar que no se tiene en cuenta para la toma de decisiones (falta de autonomía).
Cómo afrontar el burnout
El burnout surge por desgaste y por “aguantar” durante demasiado tiempo, ya que el estrés crónico nos termina agotando hasta afectarnos no solo en el contexto laboral, sino en la vida diaria. Por tanto, es fundamental introducir cambios en nuestra situación actual.
Para ello, necesitamos bajar el ritmo. Se puede empezar haciendo cambios en el estilo de vida y promover el autocuidado, como cuidar nuestras pautas de alimentación y de sueño, ya que sientan las bases para encontrarnos mejor: para encontrarnos bien, necesitamos tener las necesidades básicas cubiertas. Asimismo, las técnicas de relajación pueden ayudarnos a gestionar el nivel de estrés general y la ansiedad.
Apoyarnos en las personas de nuestro entorno también es importante: hablar con alguien de confianza nos ayuda a sobrellevar mejor las situaciones de estrés y a reducir la sensación de aislamiento. Además, en ocasiones, es probable que sea necesario bajar el nivel de carga y cambiar las condiciones laborales: reorientar nuestras prioridades y definir qué precisa más de nuestra energía en el trabajo y qué se puede delegar, negociar horarios o tareas, evitar la multitarea, poner límites a la carga laboral y establecer descansos y momentos de desconexión en nuestra vida diaria, o incluso considerar hacer una pausa y tomarnos un descanso. También, el apoyo de los profesionales de la salud mental puede aportarnos herramientas para manejar estas situaciones cuando sentimos que nos desbordan.
El burnout no es falta de voluntad ni pereza, sino una reacción a haber tenido un elevado nivel de estrés durante mucho tiempo. Por tanto, reconocer que hemos alcanzado nuestro límite y empezar a cuidarnos es clave para comenzar a encontrarnos mejor. No se trata de cambiar nuestro estado de golpe, pero ir introduciendo pequeños cambios pueden suponer una gran diferencia y tener un gran impacto en nuestro bienestar emocional.